Imaginemos a un universitario cualquiera: se sienta frente a los apuntes para empezar a estudiar, pero a los cinco minutos vibra el dispositivo. Este sencillo aviso actúa como una invitación a desviar su atención, activando un ciclo de gratificación instantánea que fragmenta su capacidad de concentración. Lo que comienza como una revisión de una notificación termina convirtiéndose en un largo periodo de consumo digital que desplaza la tarea académica.
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